NOS DIERON EN LA MADRE por Natalia Gleason Alcántara

¡Porque soy tu madre! Titulada en amor, protección y seguridad, liga de la leche, psicoprofiláctico, niñera, enfermera, confesora, maestra de vida, defensora del amor incondicional ¡Que carga!

Parece que fue ayer que la veo con su torre de tubos camuflajeados con una mascada, con sus brazos en jarras diciendo: ¡en esta casa mando YOOO! y de ahí un sinfín de cantaletas que me acompañaron toda mi vida, frases como: ¿Crees que estoy pintada? ó ¿Parece que le hablo a la pared? o ¿Me estás avisando o me estás pidiendo permiso?

No sé el porqué, cuando te regañaba deletreaba tu nombre completo con énfasis y en cámara lenta para después ponerte el castigo, mientras en tu pensamiento estaba la canción “a ti que me diste la vida, tu amor y tus chanclazos” (acuérdense que detrás de todo hijo educado existe una madre con buena puntería). A continuación, ella salía al quite justificándose con “esto me duele más a mí que a ti” ¿Será? Y finalizaba con ¡me vas a sacar canas verdes!. El tema de las canas verdes no existe, solo el Grinch y los crudiveganos afirmarían su existencia de tanto comer brócoli. Si la escena era enfrente de sus amigas, te miraba con sus rayos X como la mujer maravilla, diciendo por telepatía  “ahorasilacagaste”, “estate quieta y conviértete en una estatua de marfil”. Te murmuraba como que no quiere la cosa, que si le volvías a contestar así, te sacaba los dientes o aplicaba el 360 grados de pellizco con vuelta incluida. Gracias a Dios nunca sucedió porque era muy buena, pero yo no sabía si las mamás de mis amigos chimuelos lo eran.

Como se daba cuenta de todo lo que hacía, hasta me confesó su gran secreto: Los OJOS en la nuca!!!  Si te ayudaba a encontrar algo, salía la frase “¿Y si voy y lo encuentro, qué te hago?” Nada está realmente perdido hasta que tu mamá tampoco lo encontraba, y remataba con el dicho: “Siempre hago todo en esta casa”. No sé porqué tendía a exagerarlo todo. Un clásico pintoresco era el grito de guerra: “A comeeerrrr”. Te sentabas y empezaban los discursos motivacionales (abre la boca, hay viene el avioncito) y nutritivos, (¿cuántos niños el mundo se mueren de hambre?, ¿qué diría un niño de Biafra?…).

No entendí nunca el amor apasionado a los tuppers y a los suéteres, junto con pegado. Si ellas tenían frío, tú salías abrigado; ¡Virgen santa si los perdías!, empezaba la cantaleta, escuchándola con ojos Remmy por horas como si hubiera perdido un diamante en bruto. ¡Porque lo digo yo! esa autoridad viene desde el mismísimo cielo, se la dio Dios porque sabía que ella iba a estar en todos lados.

En tierras aztecas, no me explico el por qué a la mujer tan venerada, a la de los altares y procesiones, quienes quería ofendernos nos remataban con insultos como: ¡Me di en la madre!, como si estuviéramos en las rodillas o en cualquier parte del cuerpo o ¡Ve a chingar a tu madre!, también la Ley del Quelite, que chingue su madre al que me critique o ¡Me vale madres!, ya ni la amuelan  ¡Ya estoy hasta la madre! hastaaa el infinito y mas allaaaa! o ¡Ni madres! y ¿por qué no ¡ni padres!?, ¡Asskuismiiii! y de retache no conformes con eso contestan la tuya en vinagre, como si fuéramos mamás en escabeche. ¿Qué diría hoy Sigmund Freud de la frase ¡Mamacita!? Piropo ofensivo, despectivo y vulgar, pero peor: está jefecita, arcaico, no inclusivo y una afrenta a la tercera edad.

Lo que sé da ya no se quita y con el diablo se desquita y chanfle!!! Así empezó la maternidad, llegaron mis tres hijos sin manual de instrucciones y sin torta bajo el brazo, con diferencia de 2 años 7 meses entre los 3 canijos. Me dejaron mal comida, vestida a medias, todo el día con sueño, con estrías y unos terroríficos kilos de más. Ahora entiendo el chiste: llega una señora a un vapor y les dice a sus amigas, les voy a contar un chiste que se les van a caer las chichis; voltea ve a todas y les dice “que ¿ya se los contaron?.”

“Mamá, mamá, mamá, mamá”, era la frase más popular en mi casa, lo repetían mis hijos todo el día, en modo atarantan. No creo que el niño Jesús le dijera a la Virgen María trescientassetentacinco veces al día “mamá”. Lo que me da más coraje es que ahora grito por toda mi casa sus nombres y ni quien me pele. Espero que este 10 de mayo no salgan con la cantaleta de: “Madre querida, madre adorada, te invito al cine y tú pagas la entrada”, pues con eso el amor incondicional, pus se acaba.

Siempre pensé que el 10 de Mayo era el día más comercial, cursi y chantajista de todo el año. Hoy lo espero con ansia, estoy orgullosa de ser madre, de partirme la madre, de querer ser la superheroína con escudos de protección para mi ejército, mi familia. Por eso este día festejémonos y más a nuestras reinas madres, que son el principio de nuestras vidas. ¡FELIZ Día de las Madres!

Texto e ilustración hecho por Natalia Gleason Alcantara, escríbeme y envía tus comentarios a natsart68@gmail.com o twitter: natsart68

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