No se si solo yo o somos todos, pero en mi caso tengo una relación especial con él. Será porque cada vez que lo busco no lo encuentro y cuando lo hallo es como si lo hubiera visto por primera vez. Si una psicóloga analizara mi patología diría que soy una bipolar, porque al perderlo paso del grito-enojo-alegría-paz en menos de 1minuto.
El inicio de la relación fue en Walmart: lo vi atrás de un aparador, un Samsung todo terreno. Me aventuré a una nueva tecnología; estoy harta de la teoría de manzanas, nubes y de las IMADres que nos van taladrando el cerebro con su mercadotecnia.
Fue mi compañero por cuatro largos años… si él hubiera sabido lo que les esperaba, seguramente se habría encontrado otro dueño. La relación paso por varias etapas, altas y bajas. Él mismo me advirtió que necesitaba espacio para sus datos móviles, pero no lo quise escuchar y lo puse en modo silencio. Me explicó que su saldo era insuficiente para llamar mi atención, quiso hacerse el chistoso y aplico el del autocorrector, me miró con desprecio y se puso en modo avión, me quiso dar celos cambiando su foto de perfil, hasta que un día me contestó una fulana llamada Bixby. ¡¡Imagínense los celos!! Es el único que se acuesta, duerme, amanece y me despierta todos los días junto a mí, ¡NO SE VALE!.
Tantas andanzas y aventuras juntos: él mismo se cayó, se perdió en tantos lugares que ya no me acuerdo, lo tiré al escusado, lo saqué, lo llené de barro, pensé que me lo habían robado, lo dejé adentro del refri, lo dejé arriba del cajero, hasta que en un día que fui al súper, me tomé un refresco y aun sin terminarlo lo metí a mi bolsa, donde mi cel junto al refresco nadó en glucosa 15 minutos. Le dí respiración de boca a cel, lo succione como aspiradora Koblenz, desesperada me acorde que lo mejor es meterlo en arroz por un día (lo he metido tantas veces que él mismo no recuerda de dónde proviene y los coreanos estarían orgullosos de él). ¡No lo pude rescatar! Empalagoso murió el méndigo; si fuera persona diría que fue un coma diabético, pero lo peor de todo: mis claves murieron con él.

Ahora cada vez que tengo que acceder a un sitio me pide la clave, ¡oh horror!, no me la sé, trato de recordar hasta mis antepasados, mascotas, amores, frases; no me doy por vencida, me envalentono y pongo la de siempre… pero claro, no me acuerdo si llevaba punto o mayúscula o número; todo para que ponga esta clave no es la correcta, me lleva la fregada. No sé si los sitios se burlan de gente como yo y cada vez complican más las claves, me choca ver la leyenda de «esta clave fue insuficiente».
No pasan días que no le dé lata a mi familia, diciéndoles «ay ¿donde esta mi cel? ¿me marcas?» Pero suena por toda mi casa para finalmente darme cuenta de que estaba sentada encima de él o a medio metro de mí, o lo peor y muy frecuente, en mi mano.
Los celulares deberían de venir con certificado de nacimiento. Ellos se vuelven tus amigos, confidentes, tus padres, tu brújula, tu recordatorio, tus ecuaciones, presentaciones, tienen lupa, buscadores, teléfono, tienen más pila que….¡BASTA! ya parece que les estoy vendiendo uno.
Yo soy de la era cavernaria de los teléfonos con cable, donde jugabas a enroscarte en él o lo estirabas para ver hasta donde llegaba el cable, tenían una sola linea y eran tan importantes que hasta candado les ponían, me sorprende que todo quede reducido a un teléfono que te quepa en la mano, pero en fin… llegarán nuevos amores con diferentes tecnologías, creando así nuevas aventuras que yo les seguiré contando….
Texto e ilustración hecho por Natalia Gleason Alcantara, escríbeme y envía tus comentarios a natsart68@gmail.com
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