CRÓNICAS DE UNA AMA DE CASA CON DÉFICIT DE ATENCIÓN EN TIEMPOS DE COVID por Natalia Gleason

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Me levanté en la mañana tras muchos tropiezos mentales. Reiniciando varias veces mi cabeza, recordé que era lunes 04 de Enero 2021; sabía que tenía que ir al súper. No había nada en el refri.

Empezando el año con el pie izquierdo, con las noticias alarmantes del Covid y el semáforo en rojo, me meto a mi cel y veo el maravilloso mail de la American Stressssss, el encierro ha causado estragos en el saldo, he comido por las orejas por mas que pido que la Santa Virgen de las Almas acomode todo lo que coma y solo me engorde las nalgas… no lo logro. En fin, eso se ve reflejado en la báscula y en el abultado saldo de la tarjeta.

Sueño con un 2021 que sea como los años de antes, un año normal.

Tras mucho ir y venir, salí de la casa, por supuesto dejando las bolsas biodegradables que he ido comprando cada vez que voy al súper, sin considerar que ese día iba a comprar 5 más.

Me han dicho siempre que debo tener rutinas para que me sea más fácil la vida. Haciendo caso a esos sabios consejos, guardo el ticket del estacionamiento en la bolsa, el celular, la cartera y me bajo muy feliz del coche.

Me doy cuenta de las miradas de la gente y me acuerdo ¡Chin, el cubrebocas! Me regreso al coche y  me encuentro la lista del súper que había olvidado, me armo otra vez con todo lo faltante y retorno mi camino al súper, tomo el carrito y me doy cuenta que se me olvidaron los lentes para ver… vuelvo con la esperanza de que tenga unos en el coche.

Ya para entonces voy empañando la careta debido al cubrebocas que llevo puesto. Gracias al universo, encuentro unos lentes, de esos que compro casi a granel. Ahora sí voy bien armada hasta los dientes. Ya no les platico que llevo entre ida y venida más de 25 minutos perdidos, pero para mí eso no tiene importancia, tengo desfasados desde que nací cuando menos 15 minutos diarios de mi vida, que no he podido recuperar.

¿Qué les estaba platicando? Ah, ya me acordé: voy acorazada y lista para realizar el super, paseando entre pasillos y esquivando gente, sobretodo a las molestas moscas de repartidores con sus cubrebocas a media asta (ellos no lo saben, pero tengo una arma letal si hablan o estornudan a mis espaldas les aviso ¡¡que hoy comí frijoles!!.  

Cuando llego a pedir el jamón, dispuesta a decir de corrido y sin pausa mi orden, lo logro antes de que el pobre hombre tenga oportunidad de ofrecerme la oferta del día. Recito mi trabalenguas “Pechugadepavosanrafaelclásicadelgadosinqueserompa”, entre gritos y señas logro que me den mi pedido, abro puertas de refris, toco productos, se me cae la lista del súper al suelo, la meto en mi bolsa, se me pierde, nunca encuentro el gel en mi bolsa, la cual guarda traviesos compartimientos que me esconden las cosas. No les platico cómo veo, toda empañada, sudando a mares, toda una faena llena de un aspecto glamoroso, hasta que llego a la caja, empiezo a descargar y cuando estoy a punto de terminar, se le ocurre a mi esposo llamarme para decir que no me olvide de las cervezas, que días antes llevaba recordándome que las pusiera en la lista del súper y ¡bingo! no las había incluido.

Ilustración de Natalia Gleason Alcantara

Dejo la cuenta en “stand-by”, le explico a la cajera que ¡voy de volón por las cervezas! Llego con el preciado producto para mi esposo y pago. Como es costumbre, le doy al cerillo su propina, me voy en mi carrito caminando alegremente, pago el estacionamiento, recuerdo que no me he puesto gel, pero por azar me encuentro un dispensador.

Y ¿porque NOOOOOO? me meto el ticket a la boca, pero eso sí, muy disciplinada me embadurno las manos de gel.

Cuando me doy cuenta de la “pentontada” que había hecho, me doy de topes porque sé que me tendré que hacer la prueba del Covid. Me angustia todo el trayecto de regreso. Gracias a mi Angel de la guarda que se pone las pilas, llego a mi casa, descargo el súper, lo acomodo, llegan mis hijos y pasa el día.

Me levanto al día siguiente y recuerdo que había algo importante que recordar; son tantas cosas que pienso a la vez que a mi cabeza hasta le salen subtítulos. Por más que la reinicio, no lo logro. Se que me había ocurrido algo, una locura, pero la verdad ya no lo recuerdo…

Texto e ilustración hecho por Natalia Gleason Alcantara, escríbeme y envía tus comentarios a natsart68@gmail.com

twitter: natsart68

Instagram: #nats68art

Blogspot: nataliagleason@blogspot.com

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