¿Recesión económica o desaceleración? Parecen significar lo mismo, pero no lo son.

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En los últimos meses, la volatilidad económica en los diferentes países del mundo ha generado que los términos recesión y desaceleración económica cobren mayor relevancia. Sin embargo, aunque pudieran parecer sinónimos por impactar a la economía nacional o global, la realidad es que no lo son.  

Una recesión ocurre cuando la economía deja de crecer y comienza a encogerse. Algunos expertos opinan que se presenta cuando el valor de los bienes y servicios producidos en un país, conocido como el Producto Interno Bruto (PIB), cae durante dos trimestres consecutivos.

Luis Felipe Treviño, managing director de la firma de inversión privada Beamonte Investments, explica que la recesión económica ocurre cuando los valores de crecimiento son negativos, mientras que en la desaceleración el crecimiento sigue siendo positivo, pero más lento que el del periodo anterior comparable.

Además, el experto puntualiza que no todas las recesiones son inguales y que pueden ser ocasionadas por diferentes motivos y manifestarse, también, de varias formas. A continuación, te explicamos tres de las causas más frecuentes:

Sobreoferta. Se origina por un exceso en la oferta de bienes o servicios. Suele ser una consecuencia de la bonanza económica, en la que las empresas aumentan su producción para satisfacer el consumo y cuando la demanda llega a su nivel máximo y empieza a disminuir, ocasiona una acumulación de inventarios que no tienen salida en el mercado.

El resultado es una reacción en cadena, es decir, que las empresas producen menos y reducen los puestos de trabajo, lo que a su vez deriva en la pérdida de poder adquisitivo en la sociedad y el consumo baja aún más.

Incertidumbre. Se produce cuando no se puede saber o calcular cómo será el comportamiento de la economía en el futuro, por lo que aumenta el riesgo a la hora de tomar decisiones en los diferentes mercados.

Los conflictos bélicos o las pandemias son dos ejemplos de situaciones que producen incertidumbre económica, haciendo impredecibles los hábitos de consumo en el corto, mediano y largo plazo. En consecuencia, las decisiones de las empresas y las personas en el gasto o la inversión se posponen, produciendo una caída en la actividad económica.

Especulación. Generalmente, las burbujas económicas son ocasionadas por el aumento indiscriminado en el precio de un activo, debido, entre otras razones, a la especulación, moda o creencia de los mercados. Los inversores adquieren los bienes atraídos por el alza en las cotizaciones, esperando obtener beneficio a futuro por la revalorización.

Sin embargo, a medida que quienes compraron empiezan a vender, la oferta supera a la demanda, empujando la caída de los precios por la falta de nuevos compradores y es entonces cuando la burbuja explota. Los tulipanes de Países Bajos en el siglo XVII o el mercado inmobiliario de 2008 son dos ejemplos.

“La característica de una recesión es que la economía decrece durante al menos seis meses consecutivos. De este modo, la inversión, la tasa de consumo y la actividad financiera en sí disminuye como consecuencia directa de la recesión. Se trata de un problema que, aunque está planteado en todos los ciclos económicos, les cuesta mucho trabajo a los gobiernos idear estrategias para salir de ella”, señala Treviño.

Hasta ahora, se estima que el 2022 tendrá un crecimiento económico mundial de 3.2% y para el siguiente año el incremento podría ser de 2.7%. Al menos un tercio de las economías del mundo corre el riesgo de caer en una recesión económica en 2023, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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