El Principado: Todos somos totalmente Palacio

125 años de Palacio de Hierro merecen celebrarse, pero nadie para contarlo como El Principado de Gabriella Morales-Casas.

Mi Palacio de Hierro tiene dos aromas: el de sus deliciosas galletas Zuky y el del eau de parfum Chloe de Karl Lagerfeld, que usaba mi mamá en los años 80, cuando yo era una niña, y que compraba, religiosamente, en El Palacio de Hierro de Perisur, la más cercana a nuestro vecindario. También huele a mi primer perfume verdadero, a los 14 años, Red Door, que mi papá le compró a María Luisa, la vendedora de Elizabeth Arden que todavía me atiende con el cariño que se le tiene a una sobrina consentida. Es el lugar de mi primer vestido de noche, de mis primeros zapatos de diseñador, de mi primer juego de lencería; pero sobre todo, es un lugar donde llevo memorias íntimas, familiares.

 

¿Cuál es su recuerdo totalmente Palacio?

 

Todos los tenemos.

 

Un palacio de aristócratas

Desde 1891, cuando la tienda abrió al público, existen esos recuerdos, imágenes, olores y sabores aislados que son parte del consciente colectivo de los ciudadanos capitalinos. Las fotografías de El Palacio de Hierro original son parte de la cultura histórica que me atrevo a incluir con aquellas famosas fotos de Pancho Villa en con Emiliano Zapata, de la comida entre Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, o de las fotos de Nonoalco de Juan Rulfo. Son imágenes de un México antiguo al que Tovar y de Teresa llamó La Ciudad de los Palacios. Este, acaso, es uno de ellos.

 

Por eso, por sus 125 años de historia y de cultura pop, El Palacio de Hierro merece que lo celebremos. Por eso y porque nos ha llenado de olores, imágenes y recuerdos durante años, por generaciones.

 

Por supuesto, había que celebrar por todo lo alto. Así lo hicieron anoche los Baillères, en su Palacio del Centro. Solo ellos pueden juntar estos nombres en el mismo lugar: Rogerio Azcárraga, Adolfo Autrey, José Luis del Hoyo, Clemente Serna, Juan Beckman, Bernardo Quintana, Miguel Ortiz Monasterio y muchos más invitados distinguidos.

 

Me dio especialmente gusto ver a mi editora de Caras, Lucía Alarcón, a Adriana Salinas de Gortari y Sonya Santos, las damas del MAP, y por supuesto, a la curadora de la exposición Ana Elena Mallet, que se lució con el montaje del museo dentro de la tienda.

 

“125 años de Palacio de Hierro” es el nombre de la exposición que estará en la tienda de 20 de noviembre del 10 de octubre al 10 de noviembre en horario de tienda. Vestidos de gala los años 20 hasta los del año 2000 y objetos viejos desde pocillos para el agua hasta cristalería Baccarat: imperdible.

 

La misteriosa novia de Alejandro Baillères

Ahora vamos al chismeeeeeee de la noche, señores, y fue que el dandy de la familia Palacio, el yo soy aquel de la socialité, Alejandro Baillères, llegó con nueva novia.

 

Lo único que sabemos es que se llama María José porque no quiso dar su nombre; ya saben, a la hora de las fotos no quiso revelar su apellido (¿Por qué harán eso? Es como de consorte del siglo 17, la verdad, no es para nada nice negar la identidad); llamó mucho la atención con su elegante vestido verde bandera, tan de moda por estos días gracias a José Ramón Hernández, stylist de Angélica Rivera.

 

Otro galán fue Josefo del Hoyo, hijo de José Luis del Hoyo, quien estuvo de DJ junto a su amigo Marcelo. Son todos unos pros, ¡hasta para bodas lo contratan! Recientemente tocaron en la de Ale Félix e Iñaki de Abiega y le pusieron mucho ambiente. Como Josefo además de cool está guapérrimo lo rodearon varias groupies en su consola. Exacto, amigo, de smoking y una rola de Daft Punk las tendrás a tus pies

 

El efecto Palacio

Otra reaparición de la noche fue la de Mary Carmen López, que iba con Jorge Ríos. Hacía mucho que no la veíamos en eventos porque está dedicada a su hijito, fruto de su matrimonio con Víctor Álvarez Puga. La vi muy guapa, muy contenta muy classy con su vestido color champagne. Fue muy agradable saludarla después de tanto tiempo, hasta eso consiguió el Palacio, llevar a quienes nunca aparecen en el reflector.

 

Al final, la concurrencia fue lo mejor, porque con todo y la lluvia y el imposible tránsito lo logramos. La mitad de los invitados llegamos tarde (yo hice tres horas de camino, se me acabó la batería, lloré, me reí, volví a llorar, me estacioné lejos y hasta me tropecé); pero cuando cruzamos el soportal de hierro todo el malestar se diluyó, fue como llegar a un mundo alterno donde nada puede salir mal, donde todo es hermoso, como en los cuentos de fantasía, como en el País de Nunca Jamás (sin Capitán Garfio). Así fue la noche Palacio.

 

Así que…¿alguien quiere una culposa galletita Zuky?

 

¡Nos leemos la próxima semana!

 

No se pierdan la galería de fotos Masaryk.tv del evento de 125 de El Palacio de Hierro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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