Café Budapest: inolvidable rincón en el barrio de Polanco

Café Budapest abre hoy en Common People, un clásico café de Hungría
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Ayer asistimos a un nuevo proyecto que Monika Feldman creadora de Common People tenía entre manos. “Café Budapest” abre hoy sus puertas en la parte superior de la famosa Concept Store ubicada en Emilio Castelar 149.

 

“Café Budapest” es una idea original de Gabriela Biringer mamá de Mónika y famosa por las creaciones que salen desde su cocina.

 

Gabriela siempre se distinguió por recrear los platos de la sangre húngara que lleva en las venas. Aunque vive en México, de su cocina siempre se desprendieron sabores auténticos de las casas y cafés de Hungría de donde son sus padres.

 

De principio, era la mamá que consentía a sus invitados y familia con sus recetas originales de Hungría, hoy es la cocinera que le da vida a este peculiar rincón ubicado en una recomendable terraza en Emilio Castelar.

 

Entrar a  este café que tiene capacidad aproximadamente para 20 comensales  es como sumergirse en un clásica cafetería de Budapest que siempre se han distinguido por tener una gran repostería.

 

Galletas con mermelada artesanal, entradas de queso húngaro, quiches de cebolla, Strudel de manzana y una gran variedad de postres difíciles de ubicar en la ciudad de México son algunas de las delicias que los visitantes podrán degustar en compañía de un rico café orgánico procedente de Veracruz, Tés e infusiones únicas y ricos jugos que sólo se venden en esta cafetería.

 

Otro de los atractivos de este rincón en el barrio de Polanco, es sin duda la decoración. Con ayuda de su hija Mónika y muchas piezas decorativas de la casa de Gabriela, fue como se creo el concepto que visiblemente fue muy trabajado.

 

La decoración se destaca por muebles antiguos colocados de manera involuntaria en diferentes puntos del café, mesas de madera apolillada y fotografías de la familia embellecen este espacio en el que en cualquier momento puedes perder la noción del tiempo.

 

Platos frescos y recién horneados, mesas íntimas en las que bien puedes jugar bagamon o leer por horas un libro y una pequeña terraza con vista al Parque Lincoln son algunas de las razones para disfrutar de una tarde memorable.  

 

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