Y el rock tuvo su noche

Motley Crue y Buckcherry patearon cabezas en el DF.

 

Esperar tanto tiempo un evento y que pase tan rápido es algo normal, pero cuando se le suma la adrenalina, música, luces y todo el show completo que brindó anoche Motley Crue…es más difícil de aceptar.

La noche la empezó a calentar Josh Todd con su banda Buckcherry. Un lujo como pocos en los que deleitaron con 10 temas impecables que los que llegaron tarde seguro lamentaron perderse. El play list incluyó Dead, Rescue Me, It’s a Party, Lit Up, Next 2 you, Cocaine, Sorry y, para enloquecer con el final, Crazy Bitch. Descontracturados y sonando con todo, los Buckcherry  sorprendieron. Todd es el frontman ideal y no dejó duda de ésto. Ojalá los tengamos pronto otra vez en México ya que realmente suenan increible y conquistaron a la nueva generación y a los que ya hace rato que tienen sus almas embebidas de rock.

Y llegó lo más esperado cuando el Palacio de los Deportes repleto de fans se sacudió al ritmo de Vince Neil, Tomy Lee,  Nikki Sixx y Mick Mars que  hicieron lo que mejor saben hacer: rockear.  EL tema de apertura fue Wild side y después todo fue alegría. Durante una hora y media repasaron éxitos de sus 30 años de carrera. El glam metal brilló por todos lados y no faltaron  Live wire, Shout at the devil, Primal scream , Same Old Situation, Dr. Feelgood, Too young to fall in love, Home sweet home y Shout, entre otras.

No solo hablaron al público en español, sino que hasta hicieron pasar entre la gente su botella de alcohol, que fue rodando de mano en mano como un ritual improvisado.

Cada uno de los Motley tuvo su momento para sí: Vince no paró de correr y moverse , demostrando que su voz sigue espléndida, Tommy con su botella de licor, envuelto en la bandera mexicana y demasiado oculto detrás de la batería, habló bastante con los fans y agradeció el cariño, Nikki, que sigue con la cara maquillada y esquiva el paso del tiempo con la agilidad de un niño travieso y, claro, los casi 13 mil asistentes debían tener un momento particular para enloquecer y llegó de la mano del misterioso Mick Mars, de tapado y galera, que preguntó: «¿Quieren más guitarra?» y dedicó un buen rato a hacer bailar sus cuerdas con un riff que se llevó todos los aplausos.

Con poco despliegue de escenografía, llamando a la imaginación con el sonido de sus clásicas motos que anunciaban Girls, girls, girls, y demostrando que cuando la música es buena el resto es puro relleno, la banda de Los Ángeles sacudió sin parar. El final fue con Kickstart my heart y en el  ambiente solo quedaron ganas de más.

La rebeldía siempre presente, el rock en el aire y un golpe al corazón con cada una de las canciones inoxidables fueron los puntos fuertes de otra noche con los Motley Crue que siguen augurando larga vida al rock.

 

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