Cumplir veinticinco es un hito; es más o menos una cuarta parte del breve período de tiempo que constituye una vida humana. A los veinticinco años todavía hay juventud y también hay un camino recorrido; hay lecciones por venir y muchas otras ya aprendidas a través de la experiencia; hay una expectativa esperanzadora para el futuro y también suficiente distancia para reflexionar sobre el pasado: hay simultáneamente madurez y espacio para crecer. Estabilidad y cambio, ternura y fuerza, conviven en veinticinco. Veinticinco no son todavía dorados pero ya están coloreados en plata.
Juan Carlos del Valle lleva veinticinco años pintando, es decir, ha vivido más tiempo con la pintura que sin ella. Y se ha dedicado a ello con profunda convicción y voluntad de hierro, con disciplina y deleite y con una perseverancia que raya en la terquedad, incluso en la obsesión. Juan Carlos es un artista lúdico y místico, curioso e irreverente que resiste fórmulas, intelectualizaciones extremas, etiquetas, imposiciones y tendencias.
Trabaja para la pintura y desde la pintura, piensa en términos de luz, composición y materialidad y no ha perdido el sentido del asombro ante las posibilidades expresivas del medio pictórico, sus misterios y limitaciones, incluso a pesar de una contemporaneidad que ha declarado muerta lo que palpita con vida en sus manos.
La historia de Juan Carlos del Valle está indisolublemente ligada a la de su pintura, y es una historia de amor; no un enamoramiento efímero y caprichoso, sino el tipo de amor duradero, generoso y consciente que se entrega incansablemente a la búsqueda del bien, lo bello y lo verdadero. La historia de Juan Carlos y su pintura solo se puede contar de manera conjunta, ya que su pintura ha crecido con él y él a su vez con ella.
Desde el rigor académico del alumno tenaz, pasando por un abanico polifacético de exploraciones formales, existenciales y plásticas, hasta el presente en el que el lenguaje pictórico parece despojarse de todo referente figurativo, lo que se puede dilucidar de un cuerpo de trabajo de más de ochocientas pinturas y varios cientos de bocetos y dibujos?
En 5×5 no he pretendido hacer una muestra retrospectiva ni una cronología exhaustiva de la obra de Juan Carlos del Valle, sino trazar un hilo conductor compuesto por cinco temas que se presentan con cinco obras cada uno (algunos de ellos se muestran al público para la primera vez), sumando así veinticinco piezas en total como un guiño de celebración. Estos temas aluden a cuestiones fundamentales que han persistido a lo largo de la obra de Juan Carlos: Deseo y Miedo, Es solo un truco: lo real y lo engañoso, Uno, Alquimia y Regreso al origen .
Si 2020 ha sido en tantos sentidos un año de agitación, incertidumbres, crisis y rupturas, es por eso que este año es particularmente adecuado para celebrar la permanencia y aquello a lo que vale la pena aspirar, como la libertad, el amor y la buena pintura.
Te dejamos el link para que puedas recorrer virtualmente la obra: