“La Alborada” en San Miguel de Allende, una festividad única dedicada a San Miguel Arcángel


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En el marco de la celebración del santoral de San Miguel Arcángel, (29 septiembre) se celebra año con año en San Miguel de Allende “la Alborada” una festividad que inicia el viernes y termina el domingo con una presencia de sincretismo, artesanías, folclore, y gastronomía durante todo el fin de semana.
Quien ha estado inmerso en el mundo de las relaciones públicas – pero de a devis, no como ahora los auto proclamados piars equals socialité o influencer- sabemos y apreciamos el trabajo y el esfuerzo de nuestros colegas que igual que uno se encargan de organizar la piñata. Y organizar una piñata de la magnitud de la alborada requiere de mucha pero mucha planeación desde el Municipio y Ayuntamiento hasta los PR’s ( pero sean serios, que no es broma)
Así, la arrolladora  banda San Miguelito compuesta por Pepe Campa – as Pepe Campa la voz de la hora Nacional de México- su esposa Denise Bres, Federico Vale, Rose Ruíz, Alberto Cinta y yo mera nos dejamos ir como gorda en tobogán a las festividades y vaya que fin de semana tuvimos.
Tras hacer check in a la speedy González en Hotel boutique La Puertecita, El primer hotel boutique de México establecido por el estadounidense John S Kay, caminamos sobre el jardín principal de San Miguel dándonos una idea de las festividades en honor del santo patrono. Paseamos por el jardín principal y hasta conocimos el Palacio municipal con su histórica sala de Cabildos. La primera del México Independiente.
Durante mi paseo que sorpresa más grata encontrarme con la Chef e investigadora y acreedora de la Orden del Águila Azteca, la mismísima Diane Kennedy quien es la Non plus ultra y una autoridad de la cocina mexicana, reconocida por sus 9 libros en la materia, incluyendo “Las Cocinas de México,” en inglés “The cuisiners of Mexico”, que comenzó a cambiar la forma como los estadounidenses veían la cocina mexicana. Y hasta los mismos mexicanos empezaron hacer investigaciones gracias a la labor de Diana. Su trabajo es la base de gran parte del trabajo de los chefs mexicanos en los Estados Unidos y un referente en México.
Sus libros de cocina son distintivos porque se basan en sus cincuenta años de viajes por México, entrevistando y aprendiendo de todo tipo de cocineros en el país, y de casi todas las regiones. Así muy causal en un típico patio de casa de san Miguel tuve la oportunidad de charlar con nuestra querida Diane a quien no veía desde que se mudó a Michoacán, y dejó de ser mi vecina en Malinalco.
En esta ocasión Diana presentó su libro “Nothing Fancy”. Es un placer hablar con ella, sus experiencias y los más de 50 años que lleva dedicada a la investigación y difusión de la gastronomía mexicana, lamentablemente el tiempo voló y yo tenía que reunirme con el resto del grupo a quien alcance.

En la terraza La Lune del Hotel Rosewood  a donde tapeamos al atardecer  y entramos en calor y en tono. Terminamos cenando en Jacinto 1930 y de ahí a la media noche para iniciar nuestro peregrinaje de la Alborada con preciosas estrellas artesanales elaboradas con papel de china

LA TRADICIÓN DE LAS ESTRELLAS
La primera Alborada se realizó el 8 de diciembre de 1925, en el templo de la Inmaculada Concepción. Fue hasta septiembre de 1926, que por petición del señor cura de la parroquia de San Miguel Arcángel y por el H. Ayuntamiento que la Alborada se realizó en el templo parroquial.

 

Para la primera Alborada, se vistieron 50 estrellas de las cuales las más interesantes eran: el cometa, el sol, los ojos de Santa Lucía, la luna y las siete cabrillas. La tradición de las estrellas viene de la fábrica de hilados y tejidos “La Virgen” de Villa de Hidalgo, hoy ciudad Hidalgo, cuando los obreros se trasladaron a trabajar a la fábrica “La Aurora” de esta ciudad.

Las bandas de viento eran patrocinadas por los obreros de dicha fábrica, eran traídas de diferentes partes del estado como Salvatierra, Tarimoro, Santo Tomás, Ojo Seco, Apaseo El Alto, etcétera.

El iniciador de esta bella tradición fue don Camilo González Molina, con él colaboraron muchos vecinos y obreros de la fabrica La Aurora, como don Ernesto Luna, papá del popular Primitivo Luna (El Chipotas), una de tantas familias que hasta hoy siguen con esta costumbre, por lo que año con año, sale de ese lugar.

El Cañoncito de la agrupación que anunciaba el inicio de la alborada, fue obra de don Efrén Ayala y don Luis Ramos Ortega, ellos lo forjaron y fundieron. El encargado de hacerlo detonar era don Antonio Reyes.

El desayuno tras la Alborada fue en el Pegaso, el mejor pan francés del mundo mundial, otros optaron por huevos divorciados y otros por unos chilaquiles vuelve a la vida .

Desde nuestra ventana podíamos ver pasar a los danzantes  ataviados con plumas, tapa rabos y cascabeles en las piernas -con el más puro sincretismo imaginable- quienes exhaustos acababan  su peregrinaje de  más de 48 horas de baile, terminando así esta edición de la Alborada.