Las mejores anécdotas de la visita Real en México

Lo más curioso de la visita del Príncipe de Gales a México (con todo y trajinera)
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La visita de cuatro días del Príncipe de Gales y su esposa, la duquesa de Cornualles (o la eterna amante que demuestra que ¡sí se pudo, sí se pudo!), causó más sensación en los gobiernos de este país que entre la alta sociedad. Cómo les explico que hasta acarreados cayeron a su visita… así como lo leen.

 

Primero, es preciso recordar que la última vez que el príncipe Carlos vino a México fue en 2002, cuando asistió a un partido de polo al que lo invitó su gran amigo Carlos Gracida, fallecido este año en un accidente polístico (y al que seguimos llorando sus amigos). Pero su Embajada se desquitó a lo grande con una agenda súper-mega-intensa, tanto, que a la duquesa Camilla le dio el ataque de sinusitis alérgica.

 

Con Camilla y sin Camilla

 

Por ese motivo, la duquesa no fue a Campeche, y el príncipe se notaba más relajado, no es choro, estaba más dicharachero que el día anterior. Jejejeje, nada más los soltamos y hasta hacen chistes; juro que hizo chistes en las ruinas de Edzná. (No se hagan chicas, no se hagan… todas hacemos lo mismo: control mode ON).

 

El primer día de su agenda cayó en pleno Día de Muertos, a Real del Monte, donde hicieron su visita obligada al Cementerio Inglés. Como aprendimos en las clases de historia, Hidalgo fue cuna de la explotación de las empresas mineras británicas (eso no ha cambiado, sólo que ahora son canadienses, by the way) y cuyo mejor legado fue el futbol, ¿los pastes qué?

 

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Su visita incluyó Hidalgo, Ciudad de México, Campeche y Monterrey, los royals más royals de los royals se hospedaron en casa del Embajador de UK en México, Duncan Taylor y su esposa, “Bebe”, como le llaman a Beatrice Taylor, ah, y también es casa de Peapux, la perrita de los Duncan.

 

 

La verdadera anfitriona en la embajada

 

Han de saber que la tierna canina fue la verdadera privilegiada al convivir campechanamente con el príncipe y especialmente con la duquesa de Cornualles cuando se quedó en la residencia por su malestar nasal. En la vida cotidiana la perrita siempre anda de arriba para abajo en la residencia de Virreyes, y hasta en las fotos oficiales salió. Lo juro.

 

Ahora, que dentro de su encanto y disposición, el príncipe y la duquesa no estaban dispuestos a comer mole o similares, ya que trajeron a su chef estrella, Darren McGrady, quien les preparó sus británicos alimentos, excepto en la cena con el presidente Peña Nieto en Palacio Nacional.

 

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Eso sí, el príncipe le dio una probadita a la tostada que le obsequió Enrique Olvera en la visita relámpago que hicieron al Museo Dolores Olmedo. Como cualquier otro incauto del extranjero, se dio su buena divertida en las trajineras de Xochimilco esa misma mañana. 

 

Entre la trajinera y Carlos Slim

 

Como buen militar, el príncipe de Gales se mantuvo de pie con su séquito sobre la embarcación, pero no podía ocultar la risa por el movimiento, la gracia y el folklor chalupero a su alrededor, único en el mundo. Yo sólo espero que no haya pasado por la isla de las muñecas, repito, que NO haya visto a las muñecas tuertas y pelonas. Gulp y más veces gulp. Eso no es ni folklórico ni chido.

 

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Otro highlight de su visita fue la reunión con el ingeniero Carlos Slim en la residencia de la embajada, con el motivo de lograr sinergia entre Fundación Carlos Slim y Fundación Príncipe de Gales. El ingeniero fue con su hija Johanna, su yernoArturo Elías Ayub y el pequeño Chilaquil que ya está enorme. 

 

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Por la noche, los royals acudieron al Antiguo Colegio de San Ildefonso a un discreto evento en el que anunciaron que 2015 será el “Año de México en Reino Unido” y viceversa, además de pasear por la exposición de Michael Landy, “Saints Alive”, con Rafael Tovar y de Teresa y Fernando Romero.

 

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Eso fue lo glamouroso, pero lo más divertido fue cuando intentó bailar el son en Campeche con una sonrisa en la cara. ¡Le salió bien! Hay que ser un caballero para aceptar bailar algo que uno no conoce y hacerlo con gusto, en lugar de poner cara de mirrey y decir que no. Aplausos para Charles por su gesto principesco.

 

Los osos mil

 

Ahora vamos con lo no chic, lo no glam ni divertido que también sucedió en Campeche, pues entre la comitiva estaban personajes con sus gorritos rojos del PRI, como suele suceder en los eventos del gobernador Fernando Ortega Bernés. 

 

Se ve tan mal hacer proselitismo con las visitas diplomáticas, que ya ni voy a hablar de los chómpiras y los primos de un amigo que llegaron a ver al futuro rey de Inglaterra en varios de los puntos de visita durante los tres días. 

 

Pero, ¿quieren saber otro oso peor? Sí, lo hay, existe, y fue el que hizo el piloto de Aeroméxico en pleno vuelo de regreso de Campeche a la Ciudad de México. 

 

Como el Canciller José Antonio Meade venía en la nave, el capitán decidió que sería una gran idea lanzar un reclamo sobre el tema del momento en la aviación: la posibilidad de que México abra los espacios aéreos al Departamento de Transporte de los Estados Unidos.

 

Las aerolíneas nacionales piden inmunidad antimonopolio, y la más perjudicada sería, por supuesto, Aeroméxico; así que aprovechando el viaje, literalmente, dijo: “ya que viene un personaje importante sé que todos me escucharán” y dio su postura. Oso, oso, oso, oso. Lo peor es que se escuchó tan nítido como nunca se oyen las pastosas instrucciones en un vuelo regular…bad timing.

 

La guayabra británica


La incomodidad se le pasó rápidamente al Canciller cuando el fotógrafo de la Casa Real le ofreció enviarle un álbum de todas las fotos en las que apareció con el príncipe; Meade, por su parte, le obsequió una fina guayabera. Esa es clase y educación diplomática, no la actuación tan fuera de lugar del pilotín de Aeroméxico.

 

Claro que ese detalle no opacó la visita del príncipe de Gales a México, que fue todo un éxito para la Embajada de UK y su equipo. Simplemente adoramos la candidez del príncipe de Gales.  Lástima que Camilla no es para nada fashion, pero igual la queremos…¿no?  Porque sí la queremos… ¿O la seguimos odiando 20 años después de Diana de Gales? O sea, porque Diana ni vino a México, o como decía Carlos Monsiváis, “¿y cuándo se preocupó por un indígena?”.

En cambio mi duquesa hasta su artesanía se llevó. Yo nada más digo… 

 

¡Nos leemos la próxima semana!

 

Twitter: @elprincipado

 

 

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