Olimpia Rosales, la señora del vino

La dueña de Ego Tinto, en entrevista exclusiva con Masaryk.tv
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Promover la cultura del vino en México es hacer caso a un fenómeno que ha cobrado gran impulso en los últimos 15 años en nuestro país; prueba de ello es que la exportación de vino mexicano ha bajado de un 95 a un 70 % en los últimos tiempos, lo que equivale a un consumo de más de dos millones de mexicanos.

 

Enoturismo se ha dado en llamar la corriente de viajeros que pasea por el mundo buscando los mejores vinos, una tendencia que nos empieza a poner en el mapa.

 

La historia del vino mexicano que comenzó en el siglo XVI, ha logrado mantenerse a la alza y hoy existen bodegas muy representativas, entre ellas, Casa Madero fundada en Coahuila en 1517. 

 

Alrededor de 100 bodegas vinícolas de excelente calidad en su mayoría en los Estados de Baja California, Coahuila, Sonora, Querétaro, Zacatecas y Guanajuato expresan la nueva pasión por el vino que ha atrapado el gusto nacional.

 

Así, nació Ego Tinto, un sitio donde se promueve una verdadera cultura vinícola mexicana.

 

Con dos locales en Plaza Cuicuilco y Arcos Bosques, Ego Tinto busca revolucionar la manera de tomar vino en México, creando una experiencia gratificante e inolvidable.

 

Este concepto que pone el mundo del vino al alcance de su consumidor, nació en 2008 y desde entonces se ha dedicado a promover gran variedad de vinos mexicanos para los diferentes gustos y presupuestos. 

 

En Ego Tinto puede encontrarse además de un área de comida, diferentes actividades modales con las que los asistentes del lugar pueden tener una experiencia vinícola diferente, como el muy admirado El club de vinos.

 

El club de vinos de Ego Tinto se creó con el objetivo de mantener actualizado al público en cuanto al mundo del vino se refiere. “Catas ciegas” sin costo alguno; copas de cortesía en el wine bar al comprar una botella; envío a domicilio de la selección mensual de vinos de Ego Tinto y muchos más beneficios sorprenden gratamente a los asistentes.

 

Ego Flight. Es una selección de tres vinos con alguna característica en común. Su finalidad es que los asistentes puedan probar más vinos sin la necesidad de comprar toda la botella y así puedan identificar sus favoritos para llevar a casa posteriormente.

 

Olimpia Rosales es la responsable de Ego Tinto y por tanto a ella acudimos para hablar de lo que más sabe y le gusta, del vino.

 

¿De dónde viene esta pasión por el vino?

Bueno, primero ha sido un gusto personal compartido con mi hermana, quien ahora es mi socia en Ego Tinto.

 

En el 2000 no había mucho vino en las casas mexicanas, todo ha ido cambiando en la última década…

Efectivamente, es algo muy reciente y la tendencia va en ascenso, poco a poco se va incrementando nuestro gusto por el vino y es una afición que no para. Por otro lado, cada vez hay más vinos para elegir. Muchos argentinos, chilenos, más italianos, sudafricanos, etc. Lo mejor de todo es que tenemos más producción propia…

 

Es rico el vino mexicano, aunque un poco caro, dicen…

Sí, puede ser, pero esa es una tendencia que ha ido cambiando en los últimos cinco años. El gran problema del vino mexicano es la falta de agua, lo cual encarece el producto final, pero al crecer el consumo el precio se vuelve cada vez más competitivo. Falta agua en Baja California y eso incrementa los costos, inevitablemente.

 

¿Hay gente que sepa vender el vino en nuestro país?

En principio diría que el vino es un área de oportunidad muy fuerte en México. En ese sentido, la oferta, la manera de dar a conocer el vino, ha ido mejorando sobre todo en ciertos restaurantes donde aparecen a menudo verdaderos especialistas. Si bien no existe una licenciatura en vinos en México, como hay en Argentina y Francia, sí ya hay escuelas que ofrecen diplomados en Enología y se buscan sommeliers titulados que puedan hacer recomendaciones reales y honestas a los clientes. Los dueños de locales como el nuestro buscamos a su vez personal más capacitado, porque es lo que los clientes demandan.

 

¿Qué propósito esencial tiene Ego Tinto?

Fundamentalmente buscamos hacer más amigable el tema del vino, ponerlo al alcance de más personas, sacarlo de la esfera de los expertos, por decirlo así, pues eso era algo que limitaba mucho el consumo. El creer que por no saber nada de vinos, hay que espantarse cuando llega el sommelier a ofrecernos la carta y por tanto elegir otra cosa para beber. En Ego Tinto tenemos un personal muy capacitado, pero que esencialmente busca hacerse amigo del cliente para ir orientándolo lo mejor posible, respetando su gusto. Hay que degustar el vino de una manera sencilla, el cliente tiene que sentir que el vino es fácil de beber.

 

¿Cuál es el mejor vino?

El que te gusta, el que cae mejor a tu paladar. Cuanto más vino tomas, más exigente te vuelves y tu paladar va cambiando.

 

¿Qué se va a encontrar la persona que visite Ego Tinto?

Un sitio muy bonito, acogedor, que te invita a entrar. Hay salitas muy cómodas por si te antoja pasar la tarde. Vas a encontrar además muchas variedades de vino, que puedes probar allí o comprar para llevarte a tu casa. A diario tenemos alrededor de ocho vinos por copeos, todos distintos, para que la oferta sea variada. Para comer tenemos platos de carnes frías, baguettes, ensaladas y algunas tapas.

 

¿Qué es lo que más valora el cliente?

Las recomendaciones y el poder beber una copa del mejor vino. No se trata de vender el vino más caro, sino el que caiga bien a tu paladar y se ajuste a lo que estabas buscando. Eso es muy valorado por la gente que llega a Ego Tinto. La gran cantidad de opciones es algo que pone de muy buen humor al cliente. Además, en el local se sienten como en su casa, se relajan.

 

¿Trabajar en el área del vino implica una gran inversión inicial?

Sí, qué bueno que iniciaste la entrevista preguntándome la motivación, porque en realidad estamos aquí porque nos gusta y eso nos permite tener la paciencia que hace falta en un negocio que no da ganancia inmediata. Está creciendo, pero no es algo de volumen. Pero tenemos confianza, estamos siendo una especie de pioneros y la esperanza de que este negocio no pare de crecer es mucha. Vamos bien.

 

¿Qué quieres tú: tener los mejores vinos del mercado, hacer que la gente beba más vino?

No quiero tener todos los vinos, sino una buena selección. No es tan importante crecer en el número de etiquetas como saber que cada una de las etiquetas que ofrece tiene la calidad necesaria para un cliente exigente. Sí, claro, fomentar el consumo de vino, sobre todo mexicano, también es otro de mis sueños.

 

¿Cómo manejan la presión cuando llega un cliente demandando el mejor vino?

Fíjate que lo que tratamos en esos casos es de detectar qué es lo que busca el cliente. Si quiere el mejor precio o el mejor vino para determinada comida o algo que le dé estatus. Identificando esas necesidades, el mejor vino surge solo. Al final, el mejor vino es el que te deja contento. Y eso es lo que le decimos al cliente.

 

¿Qué recomendarías a alguien que le gusta el vino tinto, espeso, no muy liviano, de sabor fuerte?

 

El Lacetto es el perfil del vino mexicano. Es un vino de buen cuerpo. Podría hablarte por ejemplo del Único, de Santo Tomás, un vino que respeta la relación calidad-precio, en otro país tranquilamente podría costar el doble. En vinos más artesanales, está el Tolochos, de la escuela de Hugo d’ Acosta. De Ensenada, podría recomendarte el Ícaro, el Ojos Negros Cabernet Sauvignon, que es un vino bastante intenso.

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