Para todo mal, mezcal…y para todo bien, también

Revalorizado en los últimos años, esta tradicional bebida ofrece múltiples variantes. Te presentamos algunas de ellas
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“Para todo mal, mezcal. Y para todo bien también”, reza un viejo albur muy difundido en México, sobre todo entre aquellos que suelen encontrar siempre un buen motivo para degustar esta típica bebida.

 

Mezcal es el nombre de una bebida alcohólica tradicional mexicana, que puede producirse en 24 estados diferentes del país, elaborada a partir de la destilación del zumo fermentado de cualquier agave (excepto el Agave Azul).

 

Blancos, reposados, añejos, es posible encontrar una gran variedad de mezcales según el tipo de destilación, la variedad de agave o según los frutos o hierbas que se le agreguen:   blanco, minero, cedrón, pechuga, gusano, crema de café, alacrán, y otras tantas posibilidades.

 

Durante mucho tiempo fue considerada una bebida reservada a gente de mala vida, o del denominado bajo mundo. Sin embargo, 

 

en los últimos tiempos se ha revalorizado y se ha convertido en un boom, tanto que se organizan catas de mezcales en lugares selectos y caros.

 

Aquí te ofrecemos algunas posibilidades para introducirte en el mundo del mezcal:

 

 

Murciélago. Producto de Durango, un mezcal con personalidad y 40% de grado alcohólico. Como todos los del norte, tiene un perfecto equilibrio entre los sabores cítricos y dulces.

 

Murcielago Madrecuixe. Es ofrecido por la marca Jolgorio. Se trata de un mezcal blanco de agave silvestre de las montañas oaxaqueñas. Sabor a incienso mezclado con toques cítricos. Tiene un ahumado muy discreto con algunas notas dulces pero intensas.

 

Sanzekan. Producido en Guerrro, es un mezcal que ofrece muchas variantes. Cada una de sus botellas lleva el nombre del maestro mezcalero, el año de su cosecha y el número de lote. Se produce de manera agroecológica, y ofrece un sabor suave, que pasa fácilmente por la garganta, con gusto delicado. Pero cuidado: pega fuerte.

 

 

Sanzekan Danzantes joven edición 10 años. Realizado con una justa combinación de cítricos, hierbas y humo de mezquite, está añejado en botella de vidrio, presentando una apariencia cremosa y a la vez exquisita. Se produce en Santiago Matatlán, un pueblo de Oaxaca, donde se encuentra ubicada la destilería de Los Danzantes. 

Una buena propuesta, tanto para novatos como para expertos, que presume su 48% de alcohol, por lo que se sugiere ingerir algún alimento antes de tomarlo.

 

 

Wahaka Ensamble. Se nota la mano del maestro mezcalero Alberto “Beto” Morales, quinta generación de mezcaleros, que le brinda un gran respaldo para la elaboración de este destilado. La variedad Ensamble es una combinación de tres distintos agaves: el dulce y equilibrado del tobalá, la presencia ácida del espadín y el agave madre cuishe. 

 

 

San Baltazar. Hecho en Tlacolula (Oaxaca) por la familia Alipús, es un mezcal de doble destilación, de agave joven y cocido en horno de leña bajo tierra. Su sabor es frutal, algo dulce, con toques de coco y un acabado especiado. 

 

San Baltazar Real Minero de pechuga. Pertenece a la casa Real Minero, en Oaxaca, y está destilado en ollas de barro. Se realiza con procesos tradicionales y sustentables, utilizando varias mezclas de agave, especialmente la que más se de en la época del año en que se elabora. En la mayoría de sus productos mezclan de 25 a 35 especies de agave que hacen de su sabor una mezcla única y deliciosa.

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