Tras una semana llena de valentía, tenacidad y compañerismo y con el lema “Hay vida
después del cáncer”, los integrantes de Cimas de la Esperanza recibieron a supervivientes y
guías franceses para ser parte de una serie de hazañas dignas de admiración. Iniciando con
una carrera el domingo 19 de noviembre en el corazón de la Ciudad de México en Paseo de la
Reforma, que culminó en una alegre y fraternal convivencia entre participantes, familiares,
amigos y voluntarios.
El lunes 20, el grupo se reunió temprano en su base de lanzamiento oficial, “La Canasta Viva”,
para organizarse y dirigirse a su próximo reto: el rocódromo Fusión en la capital poblana. Los
supervivientes, guías y compañeros demostraron su dedicación y destreza al realizar prácticas
de escalada en muro, que les sirvieron de entrenamiento para su objetivo final: la cumbre del
“Citlaltepetl” (Pico de Orizaba).

Por la tarde, el equipo se dirigió hacia la Hacienda Santa Bárbara en Tlaxcala. Esta hacienda
les ofreció una vista increíble de la meseta tlaxcalteca, además de un acogedor descanso y una
nutritiva cena con la finalidad de recuperar fuerzas para su próximo reto: la cima del volcán
“Matlalcueyetl” (La Malinche) a 4420 msnm. En la madrugada del 21 de noviembre, el grupo
preparó su equipo técnico y se encaminó hacia el parque nacional y su exuberante bosque de
pinos, encinos y oyameles. Las condiciones climáticas obligaron a los montañistas a
replantearse la estrategia, y el cuerpo de guías expertos determinó que las 13:00 sería la hora
límite de ascenso. El entrenamiento y la fortaleza física y mental les permitieron llegar hasta los
4000 msnm antes del límite de tiempo, donde el volcán los premió con una espectacular vista
de la sierra de Huamantla.

Al mediodía del jueves 22, el equipo se trasladó a su base de operaciones final, “Summit
Orizaba”, en Tlachichuca, Puebla, donde la familia Canchola los esperaba para ofrecerles
apoyo y alojamiento. El pueblo mágico de Tlachichuca les brindó a los montañistas una
tarde-noche peculiar. En la plaza central se celebraba un festival en honor a Santa Cecilia,
patrona de los músicos. Los supervivientes mexicanos encontraron el pretexto perfecto para
compartir y mostrar a sus contrapartes franceses la alegría y el júbilo nacionales gracias a la
música y el baile de las festividades. Esa misma noche, el clima cambió y una nevada cubrió
todas las montañas del valle del Anáhuac de un blanco impoluto y esperanzador. En la mañana
del 23 de noviembre, el cuerpo técnico de la expedición realizó la última revisión al equipo de
montaña de cada participante con el objetivo de no omitir ningún detalle o necesidad y
permitirles llegar preparados a su ascenso final. La llegada del resto del equipo técnico a la
base de operaciones marcó el inicio de su último desafío. El grupo partió hacia el refugio de
Piedra Grande a las 15:00 h, para instalar su campamento de aclimatación y pasar la noche en
las faldas del “Citlaltépetl”.

Sin duda, la nevada pasó factura, y las temperaturas de este último reto se volvieron
congelantes, llegando hasta los -15 °C. El grupo fue guiado por el equipo técnico de guías
mexicanos de “ICE & Rock” y franceses hasta la base del glaciar para establecer un
campamento de altura, con el apoyo de porteadores que transportaban víveres, utensilios de
cocina y agua desde Piedra Grande, permitiendo al grupo descansar y reponer fuerzas a 5000
msnm. La madrugada del 25 de noviembre fue extremadamente difícil para el grupo; debían
colocarse el equipo técnico para nieve rápidamente y comenzar a moverse para evitar
congelarse. La caída de aguanieve les dificultó cada paso, pues el terreno se volvía inestable.
A pesar de los contratiempos, los valientes supervivientes lograron su objetivo, alcanzando la
cumbre después del amanecer. Culminando una semana de logros para todos y estableciendo
una nueva marca de esperanza con el ascenso a la cumbre de 10 supervivientes del cáncer,
entre los cuales ascendieron 3 mexicanos sin alguna extremidad inferior.

Los supervivientes de la generación 2023: Andrea, Erika, Ximena, Ivonne, Carolina, Camila,
Karla, Marie, Fernando, David, José, Simon, Gaby, Jean Marc, Víctor Liceaga y Víctor Vergara,
a lo largo de sus vidas, han enfrentado muchas adversidades, pero su valentía y resiliencia los
convirtieron en luz de esperanza para aquellos que luchan contra el cáncer, demostrando y
gritando a todo pulmón que ¡Hay vida después del cáncer!